
Este jueves 13 de Diciembre fui con un amigo al teatro Caupolicán, donde se presentó Alejandro Jodorowsky en lo que se denomina el "Cabaret Místico", que son básicamente reuniones en torno a la Psicomagia y en donde se da cabida a que las personas que asisten expresen sus problemas con la intensión de encontrar una solución por esta vía, apelando al subconsciente como canal de sanación del alma.
La verdad es que no esperaba mucho...
Ya había ido el año pasado y me pasó esa vez que sentí un poco la angustia del público tratando de cambiar su vida por medio de este especie de sanador o gurú personificado en Alejandro como una figura incuestionable y hasta cierto punto lejano a cada uno de los que estábamos ahí para oírlo.
Pero esta vez fue distinto. Aún cuando la gente se desesperaba tratando de agarrar el micrófono para pedir ser escuchados, y cada cierto rato se escuchaba un ¡¡Alejandro!! ¡¡Alejandro!! ¡¡Aquí arriba!!. Esta vez había algo distinto y es que "Jodo" insistió en hacer de cada uno de nosotros (en un Caupolicán lleno) un sanador.
Y nos vimos derrepente sin darnos cuenta, en medio de esa increíble energía surgida de nosotros mismos... con las manos extendidas hacia adelantes, las palmas abiertas (para poder dar) y haciendo al unisono el sonido del OM. para poder así darle alivio a aquellas personas que tan mal parecían sentirse.
Hasta nos tocó sanar al mismo Alejandro quien se quejaba de un problema intestinal que tenia hace meses.
La verdad es que no se explicar muy bien que pasó, pero lo que si puedo decir es que me sentí bien.
Al final eramos todos parte de una misma cosa, de un mismo inconsciente colectivo.
Y nos vimos derrepente sin darnos cuenta, en medio de esa increíble energía surgida de nosotros mismos... con las manos extendidas hacia adelantes, las palmas abiertas (para poder dar) y haciendo al unisono el sonido del OM. para poder así darle alivio a aquellas personas que tan mal parecían sentirse.
Hasta nos tocó sanar al mismo Alejandro quien se quejaba de un problema intestinal que tenia hace meses.
La verdad es que no se explicar muy bien que pasó, pero lo que si puedo decir es que me sentí bien.
Al final eramos todos parte de una misma cosa, de un mismo inconsciente colectivo.

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